EL NACIONAL - Domingo 01 de Junio de 2003 A/18
Cultura y Espectáculos
EDGAR ALFONZO–SIERRA
Caracas habita en las bienales del mundo
Sendos proyectos sobre la capital fueron aceptados en la 50 Bienal de Arte de Venecia, que será inaugurada el 15 de junio, y en la I Bienal de Arquitectura de Rotterdam, actualmente en exhibición en esa ciudad holandesa. El primero desarrolla el tema de las estructuras de supervivencia en esta compleja urbe; se llama Caracas, ciudad sensorial, y es la investigación de ocho oficinas de arquitectura que intentan hacer una conexión consciente y desprejuiciada entre lo formal y lo marginal a través de acciones de integración, antes que de objetos urbanos. El segundo se ocupa del aeropuerto de La Carlota y lo reformula como una gran central de transporte aéreo, ferroviario, de metro y autobuses, e integra, entre otros aspectos, nuevos planes de vialidad, hidrografía y composición urbana
El cerro y el valle fuertemente abrazados
Siameses unidos por la espalda: esa imagen, aunque insuficiente, pareciera explicar la relación entre los barrios y el resto de Caracas. A primera vista, la ciudad marginal y la ciudad formal son dos tajos distintos opuestos e irreconciliables-de realidad, pero sólo zambulléndose en la corriente de los flujos urbanos se descubre la capital en su totalidad, en sus partes indisociables.
Esa Caracas toda y sin prejuicios será tema para desarrollar en la 50 Bienal de Arte de Venecia.
El curador argentino Carlos Basualdo presentará allí, por convocatoria del director artístico del evento, Francesco Bonami, la muestra Estructuras de supervivencia, para la cual invitó el proyecto venezolano Caracas, ciudad sensorial, de los curadores Jesús Fuenmayor y Rafael Pereira.
Fuenmayor y Pereira, en intercambio de ideas con Basualdo, han propuesto para Estructuras de supervivencia el trabajo de ocho oficinas de arquitectos en las que se han diseñado acciones de integración de la Caracas marginal y formal.
La línea de investigación establecida en este proyecto le sale al paso a un cúmulo de problemas que señalan los curadores, aunque no deja de plantear incógnitas.
Agrega Jesús Fuenmayor que hay mucho por discutir, de verdad y a fondo, sobre la ciudad y su vida.
Al respecto, Caracas, ciudad sensorial pone sal en las heridas:
sugiere cómo la compleja realidad urbana latinoamericana está desbordando a sus instituciones museísticas, pone en límite la misión de éstas e intenta pensar cómo incluir a la ciudad marginal como tema de reflexión museográfica, se pregunta cómo calza lo artístico contemporáneo en lo urbano, revela prejuicios, desdice modelos.
Fuenmayor aclara: “Es sólo un modo diferente de pensar la ciudad y el museo, de abandonar las narrativas legadas por aquella urbe moderna que, se suponía, tenía que acabar con lo rural y lo marginal.
Es asumir que la ciudad formal e informal no están aisladas sino conectadas, alimentándose mutuamente.
Y que el museo no es una fortaleza, que tiene una estructura permeable y porosa, y que el dispositivo museístico es ideal como nexo entre las dos ciudades”.
Intersticios Jesús Fuenmayor y Rafael Pereira, especialistas en arte y cultura moderna y contemporánea, trabajan sobre lo que llaman el ecotono urbano: los intersticios que comunican la urbe formal con la informal, lugar “donde hemos encontrado las preguntas más pertinentes relacionadas con la formación histórica y los condicionamientos urbanos de Caracas.
El intercambio de valores en este territorio cualifica las situaciones de la ciudad y genera la mayor cantidad de imaginarios”.
Y desde este ecotono urbano se puede replantear la ciudad con un criterio más inclusivo.
Estos curadores reconocen referencias de este trabajo en las obras de los artistas brasileños Hélio Oiticica y Ligya Clark, quienes se desprendieron de la abstracción geométrica pura para sumergirse en las favelas cariocas: él, con acciones que mestizaron lo sociocultural, lo popular y la contemporaneidad; ella, para crear propuestas sensoriales enlazadas con las dinámicas del taller terapéutico y la función social del psicoanálisis y el arte.
Caracas, ciudad sensorial no sólo plantea nudos sino soluciones para ser discutidas y enfrentadas. Una de ellas es que supone un trabajo con arquitectos, no artistas. “No se trata de darle prestigio a estas iniciativas, ni de ofrecer un estatus de artistas a los arquitectos”, añadió el curador. Entretanto, Rafael Pereira explicó: “Es que hay un tema: la escala superarquitectónica, la ciudad como tarea del arquitecto”.
Debajo del puente Los participantes de esta investigación curatorial son Bak (Juan Pablo Gómez y José Ignacio Vielma), Oda (Eric Brewer y Juan Machado), Joao de Freitas, María Isabel Espinosa en asociación con Adriana Loaiza, Andrés Makowski y Lea Dojc, Camilo González, Alejandro Haiek y María Isabel Peña. Ellos trabajaron para las comunidades de Los Paraparos, El Carmen y Vista Hermosa de La Vega, Julián Blanco y José Félix Rivas de Petare y Tacagua en Ojo de Agua.
Sus proyectos toman en cuenta, entre otros rasgos, la vida, la sensorialidad, los patrones estéticos y las necesidades de uso y estructura de las barriadas, así como el nomadismo indigente, la reversibilidad o intercambiabilidad de los espacios públicos formales y los informales o marginales.
Entre ellos se encuentra el proyecto de Bak: el Mercado de la Cebolla, la reformulación de un bulevar de buhoneros que, en lugar de relocalizarlos, consolida sus actividades en lo público dotándolos con mobiliarios urbanos orgánicos y funcionales al espacio callejero.
También está la elaboración de una guía de colores con la gama cromática propia de la barriada (Camilo González y Teresa Mulet), un pantone para realizar intervenciones de color que permitirían, entre otras cosas, ofrecer referencias territoriales y códigos de lectura y orientación zonal.
Otra es la propuesta de Alejandro Haiek, la aceptación y adaptación a la vida de los sin techo.
Rafael Pereira la define como una “arquitectura nómada” que recicla material industrial de los cementerios de tanques de camiones cisterna y mezcladoras de cemento y los convierte en una estructura de ambulatorio, con forma lúdica urbana, para atender a los niños de la calle, o en habitáculos para la gente sin hogar. Estos inmuebles se ubicarían en lugares públicos, calles, autopistas o bajo los puentes de Caracas.
Se suman planes tales como acompañar el crecimiento de los nuevos barrios, de modo de contener sus problemas típicos: por ejemplo, establecer en ellos una vialidad periférica que frene el avance de la problemática vertical (los conflictos que se agudizan mientras más alto se viva en un cerro poblado) ; dotar de funciones vecinales al callejón, como sería la colocación de bateas de lavado en ellas para crear un espacio común, de convivencia, en los que gane el sentido vecinal; proponer, en el ecotono, edificios de rigurosa resolución arquitectónica y eficiencia, que a su vez respeten la estética constructiva de la ciudad marginal y no transgreda su cultura visual.
Todos proyectos de sorpresiva honestidad urbana, para una ciudad tan poco dada a sincerar sus propios conflictos.
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